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¿Patio escolar o prisión?

A primera vista, esta pregunta puede parecer algo provocadora, pero en realidad nos invita a reflexionar sobre el diseño y la funcionalidad de los espacios al aire libre en nuestras escuelas. ¿En esta foto ve un patio de una escuela tradicional, o más bien refleja las paredes frías y estériles de una cárcel?

En los últimos años, se ha estado gestando una revolución en el mundo de la educación, una que aboga por transformar estos espacios en verdaderos oasis de naturaleza, permitiendo que nuestros niños crezcan y aprendan en un entorno que fomente su conexión con el mundo natural.

Cada vez más investigaciones indican que el contacto con la naturaleza puede tener un impacto significativamente positivo en el desarrollo de los niños, fomentando su creatividad, reduciendo el estrés y mejorando su capacidad de concentración. Por eso la transformación de los patios escolares en espacios más verdes y vivos no es simplemente una cuestión estética, sino una necesidad vital para fomentar una educación más integral y saludable.

Inconvenientes que encontramos para niños y niñas que utilizan estos patios en la actualidad.

En un mundo cada vez más urbanizado, los patios tradicionales, compuestos generalmente por asfalto y con poco espacio verde, se han convertido, desgraciadamente, en el estándar en muchas escuelas. Pero, ¿cuáles son las repercusiones de esta realidad en nuestros niños y niñas?

Numerosos estudios han demostrado que estos entornos pueden alimentar a una serie de problemas emocionales y físicos en los pequeños. La falta de conexión con elementos naturales puede fomentar sentimientos de frustración y ansiedad, puesto que se les priva de un espacio donde puedan explorar, imaginar y conectar con la naturaleza.

Además, estos patios pueden ser catalizadores de desigualdades, creando un ambiente más propenso a la segregación y al acoso escolar. La ausencia de áreas verdes y lúdicas limita las oportunidades de juego inclusivo y colaborativo, favoreciendo en su lugar actividades más competitivas y excluyentes.

Por otra parte, la falta de contacto con la naturaleza puede repercutir negativamente en el desarrollo físico de los niños y niñas, limitando sus oportunidades para moverse libremente y explorar su entorno de forma que fomente su bienestar y su salud. En este contexto, no es sorprendente que muchos niños encuentren su entorno escolar más como una jaula que como lugar propicio para el aprendizaje y el crecimiento personal.

Porque todavía no lo está haciendo?

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